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Gran Poder: la fiesta que convirtió la fe en patrimonio universal y motor de la economía creativa de Bolivia

Nelson Martínez Espinoza28 de julio de 2026
6 min de lectura
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Gran Poder: la fiesta que convirtió la fe en patrimonio universal y motor de la economía creativa de Bolivia

Cada año, cuando la ciudad de La Paz se aproxima a la festividad de la Santísima Trinidad, sus calles dejan de ser únicamente espacios de circulación para transformarse en un inmenso escenario donde convergen la fe, la identidad, el arte, la música, la danza y la memoria colectiva.

La Festividad del Señor Jesús del Gran Poder no es solamente la celebración religiosa más importante de la sede de gobierno; constituye una de las manifestaciones culturales más complejas de América Latina y uno de los patrimonios vivos más representativos del país.

En esta celebración participan decenas de miles de bailarines, músicos, artesanos, bordadores, joyeros, sastres, diseñadores, comerciantes y familias enteras que, durante meses, preparan una fiesta cuya magnitud trasciende el ámbito religioso para convertirse en un fenómeno social, económico y cultural.


Una historia nacida entre la fe y la identidad popular

Los orígenes de la festividad se remontan al siglo XVII con la devoción a la imagen del Señor Jesús del Gran Poder. Sin embargo, la celebración adquirió su identidad contemporánea durante el siglo XX en el tradicional barrio de Ch'ijini, donde las comunidades de origen indígena, comerciantes y artesanos comenzaron a expresar su religiosidad mediante procesiones acompañadas de música y danzas.

Con el paso del tiempo, la fiesta fue incorporando expresiones culturales provenientes de diferentes regiones de Bolivia. Así surgió una extraordinaria diversidad de fraternidades folklóricas que representan danzas como la morenada, caporales, diablada, kullawada, llamerada, tinku, waca waca, saya afroboliviana, pujllay y otras manifestaciones que reflejan la riqueza multicultural del país.

La celebración expresa el encuentro entre el catolicismo popular y la cosmovisión andina. La devoción al Señor del Gran Poder convive con prácticas ancestrales de reciprocidad, agradecimiento y compromiso comunitario, configurando una forma singular de religiosidad mestiza que caracteriza a la ciudad de La Paz. (Patrimonio Inmaterial de la UNESCO)

Mucho más que una entrada folklórica

La denominada "Entrada del Gran Poder" constituye únicamente el momento más visible de una celebración que se desarrolla durante varios meses.

Cada fraternidad organiza ensayos, actividades solidarias, encuentros religiosos, preparación de vestimenta, contratación de bandas musicales y elaboración de complejos trajes bordados artesanalmente. Detrás del desfile existe una extensa red de trabajo que involucra a miles de personas y preserva conocimientos transmitidos de generación en generación.

Los trajes representan uno de los mayores patrimonios artesanales del país. Bordadores especializados emplean técnicas tradicionales para confeccionar vestimentas decoradas con hilos metálicos, pedrería, cristales, lentejuelas y aplicaciones elaboradas completamente a mano. Cada diseño constituye una auténtica obra artística que puede requerir varios meses de trabajo.

La música también ocupa un lugar central. Centenares de bandas interpretan repertorios que combinan tradición y nuevas composiciones, mientras cientos de miles de espectadores acompañan el recorrido convirtiendo la ciudad en un gran escenario urbano.

Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad

En diciembre de 2019, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) incorporó la Festividad del Señor Jesús del Gran Poder a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

La organización destacó que la festividad constituye una manifestación excepcional del patrimonio vivo porque fortalece la cohesión social, transmite conocimientos tradicionales, preserva técnicas artesanales y expresa una manera particular de comprender y practicar el catolicismo andino. Asimismo, reconoció que la celebración transforma anualmente la vida social de La Paz y constituye un espacio de integración entre distintas generaciones y sectores sociales.

La inscripción no reconoce únicamente un desfile folklórico. Lo que la UNESCO protege es el conjunto de conocimientos, prácticas sociales, valores comunitarios, expresiones musicales, artesanales y religiosas que permiten que esta tradición continúe viva y sea transmitida a las nuevas generaciones.

Una expresión de identidad nacional

El Gran Poder sintetiza buena parte de la diversidad cultural boliviana.

En una misma celebración convergen tradiciones aymaras, quechuas, afrobolivianas y mestizas. Participan personas provenientes de todos los departamentos del país y también comunidades bolivianas residentes en el exterior que retornan para cumplir su promesa religiosa o bailar junto a sus fraternidades.

La festividad fortalece el sentido de pertenencia y contribuye a reafirmar la identidad paceña y boliviana. La participación no distingue condición económica, profesión ni edad; lo que une a los participantes es la devoción al Señor del Gran Poder y el compromiso con la fraternidad a la que pertenecen.

Esta capacidad de integrar distintas expresiones culturales explica por qué la celebración ha logrado mantenerse vigente durante décadas y continúa creciendo año tras año.

El Gran Poder y la economía naranja

La importancia del Gran Poder también puede medirse desde la perspectiva de la economía naranja o economía creativa.

La festividad moviliza una extensa cadena de valor basada en industrias culturales y creativas. Los principales beneficiarios incluyen talleres de bordado, diseñadores de vestuario, joyeros, fabricantes de máscaras, músicos, bandas, fotógrafos, productoras audiovisuales, imprentas, floristas, hoteles, restaurantes, empresas de transporte, gastronomía, turismo, publicidad y comercio.

Miles de pequeñas y medianas empresas encuentran en la festividad una de las principales fuentes de ingresos del año. El conocimiento artesanal acumulado durante generaciones se convierte en un activo económico que genera empleo especializado y fortalece la producción cultural nacional.

De acuerdo con estimaciones oficiales recientes, la celebración genera un movimiento económico cercano a los 80 millones de dólares, beneficiando a miles de familias vinculadas directa e indirectamente con la organización de la festividad.

En este contexto, el Gran Poder constituye uno de los ejemplos más sólidos de cómo el patrimonio cultural puede convertirse en un factor de desarrollo sostenible cuando se protege y promueve adecuadamente.

Turismo cultural con identidad

Cada edición atrae a miles de visitantes nacionales e internacionales interesados en conocer una de las expresiones culturales más importantes de los Andes.

El turismo generado por la festividad favorece la ocupación hotelera, incrementa el consumo gastronómico, dinamiza el comercio local y fortalece la imagen internacional de La Paz como destino de turismo cultural.

La ciudad ofrece durante esos días una experiencia única en la que los visitantes pueden apreciar la riqueza del patrimonio inmaterial boliviano, recorrer barrios tradicionales, conocer talleres artesanales y participar de actividades religiosas y culturales que forman parte de la celebración.

Un patrimonio vivo para el futuro

La Festividad del Señor Jesús del Gran Poder demuestra que el patrimonio cultural no pertenece únicamente al pasado. Se trata de una tradición viva que continúa evolucionando sin perder sus raíces.

Su reconocimiento internacional implica también una responsabilidad compartida entre instituciones públicas, fraternidades, artesanos y ciudadanía para garantizar su preservación frente a los desafíos de la urbanización y la comercialización excesiva.

Más allá del espectáculo visual, el Gran Poder representa una forma de entender la comunidad, la solidaridad y la identidad cultural. Es una celebración donde la fe se expresa mediante el arte, donde la tradición impulsa la economía creativa y donde miles de personas renuevan cada año un compromiso colectivo con su identidad.

En las calles de La Paz, el Gran Poder continúa demostrando que la cultura puede ser al mismo tiempo memoria, desarrollo económico y patrimonio universal.


Autor

Nelson Martínez Espinoza

Equipo editorial y de investigación de Código Abierto Bolivia. Comprometidos con la verdad y la transparencia.