Mercurio en los peces: una amenaza invisible
¿Qué peces son seguros para consumir? Un estudio científico alerta sobre altos niveles de mercurio en especies comercializadas en la Amazonía boliviana.
Durante más de cuatro siglos, el mercurio ha acompañado la historia minera de Bolivia. Introducido en el siglo XVI durante la colonia española mediante el método de amalgamación desarrollado por Bartolomé de Medina, el llamado "azogue"o el uso de mercurio, se convirtió en una herramienta fundamental para la extracción de plata en Potosí y, posteriormente, para el aprovechamiento de los yacimientos auríferos de los Yungas y en la Cordillera Real. Desde entonces, este metal tóxico ha estado ligado a la riqueza minera del país, pero también a una herencia ambiental cuyos efectos persisten hasta nuestros días.
Diversas investigaciones académicas señalan que el uso intensivo y mecanizado de este elemento en los ríos amazónicos bolivianos, particularmente en las cuencas de los ríos Beni y Madre de Dios, se expandió recién a partir de la década de 1980. La combinación de los altos precios internacionales del oro, la relocalización de trabajadores mineros tras la crisis de la minería estatal y la incorporación de tecnologías de dragado transformó radicalmente la escala de la explotación aurífera en la región.
La minería aurífera en el norte amazónico tampoco es un fenómeno reciente. Ya en el siglo XIX y las primeras décadas del XX, empresas extranjeras y exploradores europeos operaban en los ríos Tipuani y Kaka, en la provincia Larecaja. Sin embargo, fue después de la Revolución Nacional de 1952 cuando la actividad adquirió una dimensión social y económica más amplia, con la creación de cooperativas auríferas impulsadas por el Estado. Décadas más tarde, estas organizaciones expandieron sus operaciones hacia las llanuras amazónicas de Beni y Pando, donde la minería evolucionó desde métodos artesanales hasta sistemas mecanizados con balsas dragas y maquinaria pesada, profundizando el debate sobre sus impactos ambientales.
Un estudio revela que varias especies de peces consumidas diariamente por indígenas, presentan contaminación de mercurio.
La muestra fu tomada en la cuenca del río Beni y ese alimento consumido por la población ribereña presenta valores que superan los límites recomendados internacionalmente para el consumo humano.
El problema cobra especial relevancia debido a la expansión de la minería aurífera. El mercurio utilizado para separar el metal precioso de los sedimentos se transforma en metilmercurio y entra en la cadena alimentaria acuática. Los peces lo acumulan en sus tejidos y, posteriormente, pasa a las personas que los consumen de manera habitual.
Un estudio pionero en el río Beni
Una investigación desarrollada por especialistas de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), con apoyo de WCS Bolivia, analizó diez especies de peces comercializadas en Rurrenabaque, una de las principales puertas de ingreso a la Amazonía boliviana. El trabajo evaluó simultáneamente el valor nutricional de los peces y su contenido de mercurio.
Los investigadores encontraron diferencias significativas entre especies. Algunas presentaron concentraciones relativamente bajas de mercurio y un alto valor nutricional, mientras que otras superaron ampliamente los niveles considerados seguros por organismos internacionales.
La Organización Mundial de la Salud considera como referencia un límite de 0,5 miligramos de mercurio por kilogramo de pescado para consumo frecuente.
Los peces más contaminados
Entre las especies estudiadas, el blanquillo registró la concentración más elevada, con aproximadamente 1,9 partes por millón (ppm), casi cuatro veces por encima del límite de referencia utilizado internacionalmente. También se identificaron niveles superiores a los recomendados en especies como bagre, corvina y surubí.
Por el contrario, especies como pacú, tambaquí, paiche, sábalo y yatorama presentaron concentraciones menores y perfiles nutricionales más favorables. Los investigadores destacan que estos peces podrían representar alternativas más seguras para las poblaciones que dependen de la pesca como fuente principal de proteínas.
La biomagnificación: por qué algunos peces acumulan más mercurio
Los científicos explican que la contaminación no afecta a todas las especies por igual. Los peces depredadores, que se alimentan de otros peces, tienden a acumular mayores cantidades de mercurio a medida que ascienden en la cadena alimentaria. Este fenómeno se conoce como biomagnificación.
Investigaciones previas realizadas en el río Iténez ya habían demostrado que las especies piscívoras presentan concentraciones más elevadas de mercurio que las especies ubicadas en niveles inferiores de la cadena trófica.
El impacto en la salud humana
La preocupación no se limita a los peces. Estudios realizados en comunidades indígenas de las cuencas de los ríos Beni y Madre de Dios encontraron que nueve de cada diez mujeres evaluadas presentaban niveles de mercurio en cabello superiores al valor de referencia internacional de 1 ppm. En algunos casos se registraron concentraciones de hasta 22 ppm.
Los investigadores advierten que la exposición prolongada al mercurio puede afectar el sistema nervioso, el desarrollo cerebral de los niños, el sistema cardiovascular y otros órganos. Los riesgos son especialmente graves para mujeres embarazadas, fetos y niños pequeños, debido a que el metilmercurio atraviesa la placenta y puede alterar el desarrollo neurológico.
Roger Carvajal, investigador del SELADIS-UMSA, ha señalado que los estudios realizados en la Amazonía boliviana muestran indicios de afectaciones hepáticas, hematológicas y vasculares asociadas a la exposición crónica a este contaminante.
La crisis ambiental y sanitaria
Bolivia es uno de los principales importadores de mercurio de la región debido al crecimiento de la minería aurífera legal e ilegal. Diversos organismos nacionales e internacionales han advertido que la contaminación por este metal se está convirtiendo en una de las mayores amenazas ambientales y sanitarias para los pueblos amazónicos.
Mientras la pesca continúa siendo la principal fuente de proteína para miles de familias indígenas y ribereñas, los investigadores insisten en la necesidad de fortalecer el monitoreo de los peces comercializados.
Las comunidades indígenas de la Amazonía boliviana se encuentran cada vez más expuestas a los efectos de una actividad extractiva impulsada por la ambición del oro, que amenaza no solo la salud de las personas, sino también el equilibrio de los ecosistemas de los que dependen para su subsistencia.
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Redacción Código Abierto
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