Estado de la Situación

China acelera su revolución energética

El gigante asiático apuesta por una transformación de su sistema eléctrico que combina energías renovables, almacenamiento a gran escala y centros de datos alimentados con electricidad limpia. La meta: que las fuentes no fósiles representen el 50% de la generación eléctrica hacia 2030.

Nelson Martínez Espinoza23 de agosto de 2026
7 min de lectura
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China acelera su revolución energética

Parque eólico en la provincia de Gansu

China ha entrado en una nueva etapa de su revolución energética. El desafío ya no consiste únicamente en instalar millones de paneles solares y aerogeneradores, sino en conseguir que esa gigantesca infraestructura renovable funcione de manera estable, eficiente y capaz de responder a la creciente demanda de electricidad.

El nuevo Plan de Desarrollo de Energías Renovables del “XV Quinquenio” plantea un horizonte ambicioso: que las fuentes no fósiles representen el 50% de la generación eléctrica del país para 2030. El cambio ocurre mientras la demanda continúa creciendo impulsada por la electrificación del transporte, la industria y el acelerado desarrollo de la inteligencia artificial.

Según el texto de referencia, durante el primer semestre de 2026 la generación eléctrica con carbón cayó por primera vez por debajo del 50%, hasta situarse en el 49,7%. La transición, por tanto, ya no aparece como una posibilidad distante, sino como una transformación en marcha.

El almacenamiento se convierte en pieza central

El principal problema de las energías solar y eólica es conocido: su producción depende de las condiciones naturales. El sol no brilla durante todo el día y el viento no sopla con la misma intensidad de manera permanente.

China está intentando resolver esta limitación mediante un despliegue masivo de sistemas de almacenamiento, principalmente baterías de ion-litio y centrales de bombeo hidroeléctrico.

A finales de 2025, el país contaba, según el documento, con 136 GW de nueva capacidad de almacenamiento en baterías, un crecimiento interanual del 84%. La previsión para 2030 apunta a superar los 370 GW.

Pero la estrategia china introduce un cambio importante: ya no basta con instalar baterías. Estas deberán demostrar que pueden aportar estabilidad efectiva al sistema eléctrico.

La nueva normativa establece que los proyectos renovables que incorporen almacenamiento deberán garantizar una determinada “capacidad firme”, es decir, una cantidad de electricidad que pueda estar disponible cuando la red realmente la necesite.

Para los nuevos parques solares y eólicos, la exigencia es todavía mayor. El objetivo es que una parte creciente de la capacidad instalada pueda convertirse en suministro predecible durante los períodos críticos de demanda.

Este cambio también pretende transformar el almacenamiento en una actividad económica con ingresos propios. Los mecanismos de remuneración por capacidad buscan pagar a los operadores por servicios como la regulación de frecuencia y voltaje y la estabilización de la red.

La batería, en este modelo, deja de ser solamente un costo adicional de los proyectos renovables para convertirse potencialmente en un nuevo activo del mercado eléctrico.

La otra revolución: electricidad para la inteligencia artificial

El segundo componente de la estrategia china es menos visible, pero puede resultar igualmente decisivo: la integración entre energía y computación.

Los centros de datos que sostienen la inteligencia artificial, la computación en la nube y otros servicios digitales requieren cantidades crecientes de electricidad. China pretende que esa nueva demanda sea atendida, cada vez más, con fuentes no fósiles.

La estrategia contempla que los nuevos centros de datos prioricen el consumo de electricidad verde y que su localización sea planificada en relación con las zonas donde existe abundante generación renovable.

La lógica es sencilla: en lugar de transportar grandes cantidades de electricidad desde las regiones productoras hasta los centros urbanos, se busca acercar parte de la infraestructura digital a los territorios donde existe abundante energía solar y eólica.

El modelo incorpora además sistemas de almacenamiento. De esta manera, los centros de datos pueden convertirse en “cargas flexibles”, aumentando su consumo cuando existe un excedente de generación renovable y reduciéndolo cuando la producción disminuye.

Es la idea que China comienza a definir como “computación verde”: una economía digital alimentada por un sistema energético basado en renovables y almacenamiento.

Un sistema diseñado como un solo engranaje

La importancia de la estrategia china está precisamente en que estas políticas no funcionan de manera aislada.

El modelo conecta varios elementos: más generación renovable, mayor capacidad de almacenamiento, exigencias de capacidad firme, incorporación de grandes consumidores eléctricos como los centros de datos y normas destinadas a incrementar el uso de electricidad verde.

El resultado es un intento de rediseñar el sistema eléctrico completo.

No se trata simplemente de reemplazar carbón, petróleo o gas por paneles solares y aerogeneradores. El objetivo es construir una infraestructura energética capaz de producir electricidad limpia, almacenarla, distribuirla y utilizarla de manera inteligente.

El documento de referencia describe esta estrategia como un proceso de construcción de un nuevo sistema energético desde sus cimientos, que involucra infraestructura, modelos de negocio, regulación y relaciones entre los distintos actores del sector.

Los desafíos de la transición

La magnitud del proyecto también implica importantes dificultades.

La integración de millones de kilovatios de generación renovable requiere nuevas inversiones en redes de transmisión, sistemas digitales de gestión y mecanismos regulatorios capaces de coordinar una red cada vez más compleja.

Uno de los principales desafíos está en el funcionamiento del mercado eléctrico. Mientras los precios continúen fuertemente regulados, puede resultar difícil determinar cuánto vale realmente la flexibilidad que aportan las baterías y otros sistemas de almacenamiento.

A ello se suma la dependencia de materiales críticos utilizados en las baterías, entre ellos el litio y el cobalto. Aunque China posee una posición dominante en buena parte de la cadena de procesamiento, continúa dependiendo de materias primas provenientes del exterior.

Por ello, la estrategia también contempla el reciclaje de baterías y el desarrollo de tecnologías alternativas, como las baterías de sodio.

La búsqueda de mayor autosuficiencia energética se extiende así desde la generación eléctrica hasta los materiales necesarios para sostener la nueva infraestructura.

¿Un modelo para otros países?

La experiencia china plantea una pregunta de alcance global: ¿puede este modelo ser reproducido en otros países?

China cuenta con características difíciles de replicar. Su capacidad de planificación estatal, su enorme mercado interno, su capacidad industrial y la disponibilidad de vastos territorios con excelentes condiciones para la generación solar y eólica le proporcionan ventajas particulares.

Las regiones del noroeste del país, por ejemplo, se han convertido en áreas estratégicas para la producción renovable y comienzan a atraer nuevas infraestructuras asociadas al consumo energético y digital.

Sin embargo, la experiencia china puede ofrecer una lección que trasciende sus propias fronteras: la transición energética no depende solamente de instalar fuentes renovables, sino de construir todo el ecosistema que permita aprovecharlas.

Redes inteligentes, almacenamiento, gestión de la demanda, nuevas reglas de mercado y consumidores capaces de adaptarse a la disponibilidad de electricidad pueden ser tan importantes como los propios parques solares y eólicos.

La energía como estrategia de seguridad nacional

Detrás de esta transformación existe también una dimensión geopolítica.

China continúa dependiendo de las importaciones de petróleo y gas, una situación que puede convertirse en una vulnerabilidad estratégica frente a crisis internacionales, interrupciones del comercio o tensiones geopolíticas.

Las fuentes renovables ofrecen una ventaja: el sol y el viento son recursos disponibles dentro del propio territorio nacional.

Por eso, la transición energética china no puede entenderse únicamente como una política ambiental. También constituye una estrategia de seguridad energética, competitividad industrial y soberanía tecnológica.

La expansión de las energías renovables, el almacenamiento y la computación verde forman parte de una misma apuesta: reducir la dependencia de combustibles fósiles mientras se sostiene el crecimiento de una economía cada vez más electrificada y digitalizada.

El horizonte de 2030

China se encamina hacia 2030 con una meta que hace apenas unos años habría parecido extraordinariamente ambiciosa: que las fuentes no fósiles representen la mitad de su generación eléctrica.

El reto será mayor porque la demanda seguirá creciendo. El transporte eléctrico, la industria, los hogares y, especialmente, los centros de datos asociados a la inteligencia artificial consumirán cada vez más electricidad.

La respuesta china consiste en intentar que ese crecimiento no dependa exclusivamente de más combustibles fósiles, sino de una combinación de energías renovables, almacenamiento masivo, redes inteligentes y consumo flexible.

La gran apuesta no es únicamente producir electricidad limpia. Es conseguir que esa electricidad sea disponible, confiable y económicamente competitiva.

En ese sentido, la revolución energética china puede estar entrando en una segunda fase: después de conquistar el desafío de instalar enormes cantidades de capacidad renovable, el país intenta resolver el problema mucho más complejo de integrar esa energía en un sistema eléctrico capaz de sostener la economía del futuro.

La transición energética, en China, deja así de ser solamente una política climática. Se convierte en una estrategia de desarrollo nacional.

 

Autor

Nelson Martínez Espinoza

Equipo editorial y de investigación de Código Abierto Bolivia. Comprometidos con la verdad y la transparencia.