El crimen organizado del siglo XXI La empresa criminal más grande de América Latina
CAPÍTULO V
Si durante el siglo XX las
organizaciones criminales podían compararse con ejércitos privados, en el siglo
XXI funcionan cada vez más como grandes corporaciones multinacionales.
Su objetivo dejó de ser controlar únicamente un territorio.
Ahora buscan dominar mercados.
La diferencia parece sutil.
No lo es.
Los antiguos carteles necesitaban ejercer un control absoluto sobre regiones enteras para garantizar la producción y el transporte de drogas.
Las organizaciones contemporáneas descubrieron que resulta mucho más rentable controlar únicamente aquellos eslabones que generan mayores beneficios: un puerto, una empresa logística, un corredor fronterizo, un banco, una red de transporte o un sistema financiero.
No necesitan gobernar un país.
Les basta con controlar determinados sectores estratégicos.
Ese cambio explica por qué muchas organizaciones criminales actuales utilizan menos violencia que sus predecesoras.
La corrupción suele producir mejores resultados que la confrontación.
Comprar un funcionario puede resultar infinitamente más rentable que enfrentar a cientos de policías.
El verdadero negocio no es la cocaínaExiste una percepción ampliamente difundida según la cual el narcotráfico constituye el centro absoluto del crimen organizado latinoamericano.
En realidad, la cocaína representa apenas el punto de partida.
El verdadero desafío comienza cuando ese dinero debe ingresar a la economía legal.
Una tonelada de cocaína puede generar decenas de millones de dólares.
Pero ese dinero carece de utilidad mientras permanezca oculto.
Necesita transformarse en patrimonio aparentemente legítimo.
Por ello el lavado de activos se convirtió en la columna vertebral del crimen organizado moderno.
Empresas constructoras.
Importadoras.
Exportadoras.
Inmobiliarias.
Casinos.
Hoteles.
Ganadería.
Comercio internacional.
Criptomonedas.
Mercados bursátiles.
Fondos de inversión.
Toda actividad económica capaz de mover grandes cantidades de dinero puede convertirse en un mecanismo para ocultar recursos ilícitos.
En numerosos países latinoamericanos el problema dejó de ser únicamente identificar cargamentos de droga.
Ahora resulta igualmente importante seguir el recorrido del dinero.
Porque donde termina el dinero comienza el verdadero poder.
La minería ilegalEl nuevo oro del crimen organizado
Mientras buena parte de la atención pública continúa concentrada en la cocaína, otra economía ilícita crece silenciosamente.
El oro.
En la Amazonía de Perú, Colombia, Brasil, Venezuela y Bolivia, la minería ilegal mueve miles de millones de dólares cada año.
Para muchas organizaciones criminales presenta ventajas evidentes.
No genera el mismo nivel de persecución internacional que la cocaína.
Puede mezclarse fácilmente con producción legal.
Su transporte resulta relativamente sencillo.
Y el mercado mundial mantiene una demanda permanente.
En numerosos territorios amazónicos la minería ilegal desplazó al narcotráfico como principal fuente de ingresos.
Además produce consecuencias ambientales devastadoras.
Miles de hectáreas de bosque desaparecen anualmente.
Los ríos son contaminados con mercurio.
Comunidades indígenas son desplazadas.
Se consolidan sistemas de explotación laboral próximos a la esclavitud.
El crimen organizado descubrió que destruir el medio ambiente puede ser tan rentable como traficar drogas.
La frontera invisibleLas fronteras políticas aparecen claramente dibujadas sobre los mapas.
Las fronteras criminales no.
Las organizaciones contemporáneas operan mediante corredores.
Un cargamento puede salir del VRAEM peruano.
Atravesar Bolivia.
Ingresar a Paraguay.
Cruzar Brasil.
Salir por Santos.
Llegar a Amberes.
Regresar convertido en dinero mediante empresas ubicadas en varios continentes.
Todo ello sin que exista una única organización controlando el proceso completo.
Cada grupo participa únicamente en una etapa.
Cada uno recibe una comisión.
Todos obtienen beneficios.
La especialización reemplazó al monopolio.
La revolución tecnológica del crimenLas organizaciones criminales aprendieron antes que muchos Estados a utilizar la tecnología.
Hoy emplean sistemas de comunicación cifrada.
Telefonía satelital.
Drones para vigilar operaciones policiales.
Imágenes satelitales.
Inteligencia artificial.
Criptomonedas.
Programas financieros especializados.
Plataformas digitales para reclutar colaboradores.
Incluso utilizan redes sociales para intimidar rivales o construir legitimidad dentro de determinadas comunidades.
Mientras tanto, numerosos organismos estatales continúan utilizando sistemas administrativos diseñados hace décadas.
La diferencia tecnológica constituye una de las principales ventajas competitivas del crimen organizado.
El Estado frente a una empresa multinacionalQuizá el mayor error consiste en seguir pensando que el crimen organizado es un problema exclusivamente policial.
No lo es.
Se trata de un fenómeno económico.
Financiero.
Político.
Ambiental.
Tecnológico.
Social.
Judicial.
Internacional.
Cada institución pública observa únicamente una parte del problema.
La policía persigue delincuentes.
Las aduanas inspeccionan mercancías.
Las fiscalías investigan delitos.
Los bancos detectan operaciones sospechosas.
Los ministerios ambientales combaten minería ilegal.
Pero las organizaciones criminales coordinan todas esas actividades simultáneamente.
Esa diferencia explica buena parte de su capacidad de adaptación.
Mientras el Estado divide responsabilidades, el crimen integra funciones.
CorrupciónLa principal arma del crimen organizado
Las películas suelen mostrar enfrentamientos armados.
En la realidad, la corrupción produce mucho más daño.
Un juez comprado.
Un policía corrupto.
Un fiscal intimidado.
Un funcionario aduanero sobornado.
Una autoridad electa financiada.
Un empresario dispuesto a lavar dinero.
Cada uno representa una inversión extraordinariamente rentable para cualquier organización criminal.
La corrupción reduce costos.
Evita enfrentamientos.
Garantiza impunidad.
Y permite que la economía ilícita se mezcle progresivamente con la economía legal.
Cuando esa frontera desaparece, combatir el crimen organizado resulta mucho más complejo.
La batalla por las institucionesDurante décadas la estrategia predominante consistió en capturar a los grandes líderes.
Muchos fueron detenidos.
Otros murieron.
Algunos fueron extraditados.
Sin embargo, el negocio continuó creciendo.
La explicación resulta sencilla.
Las organizaciones dejaron de depender de individuos.
Hoy funcionan mediante redes.
La captura de un líder genera un reemplazo casi inmediato.
En algunos casos incluso produce fragmentaciones que multiplican la violencia.
La verdadera disputa ya no gira alrededor de los nombres propios.
Se concentra en la capacidad de los Estados para proteger sus instituciones.
Porque cuando una organización criminal consigue capturar parte del aparato público, el problema deja de ser policial.
Se convierte en una amenaza para la democracia.
Autor
Nelson Martínez Espinoza
Equipo editorial y de investigación de Código Abierto Bolivia. Comprometidos con la verdad y la transparencia.
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