Estado de la Situación

El fin del rentismo y el despertar del "gigante dormido"

La UMSA propone un nuevo modelo de desarrollo para La Paz basado en la ciencia, la innovación y el valor agregado

Redacción Código Abierto1 de agosto de 2026
8 min de lectura
Compartir:
El fin del rentismo y el despertar del "gigante dormido"

Lic. Nilo Germán Candia, director administrativo y financiero de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA)

Prólogo

Esta serie periodística nace de la disertación del Lic. Nilo Germán Candia, director administrativo y financiero de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), presentada durante el Primer Encuentro de Investigación y Posgrado organizado por el Departamento de Investigación, Posgrado e Interacción Social (DIPGIS).

Más que una exposición sobre la situación financiera de la universidad, su intervención planteó una reflexión sobre el agotamiento del modelo económico sustentado en la renta de los hidrocarburos y la necesidad de construir una nueva visión de desarrollo basada en el conocimiento, la innovación y el valor agregado.

A partir de esa exposición, esta serie desarrolla y organiza los principales ejes de su análisis para examinar el papel que la universidad pública puede desempeñar en la transformación productiva del departamento de La Paz y de Bolivia.

Lejos de limitarse a registrar una conferencia, los reportajes profundizan las ideas expuestas por Candia y las presentan en clave periodística, con el propósito de abrir el debate sobre el rol estratégico de la ciencia, la investigación y la formación de capital humano frente a los desafíos económicos que enfrenta el país.

Primera entrega

Durante décadas, Bolivia aprendió a mirar hacia el subsuelo cada vez que buscaba una salida a sus problemas económicos. Desde la explotación de la plata hasta el gas natural. Cada ciclo extractivo alimentó la esperanza de que la abundancia de recursos naturales conduciría, por fin, al desarrollo. Sin embargo, una vez agotados los auges económicos, el país volvía a enfrentarse a la misma pregunta: ¿por qué tanta riqueza no logró transformar estructuralmente la economía ni mejorar de manera sostenida la calidad de vida de la población?

Hoy esa interrogante vuelve a cobrar fuerza.

La reducción sostenida de los ingresos provenientes de los hidrocarburos, reflejada en la disminución del Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH), marca el cierre de una etapa que durante más de quince años financió buena parte del funcionamiento de universidades públicas, gobernaciones y municipios. Lo que durante años pareció una fuente inagotable de recursos comienza a extinguirse, obligando a las instituciones públicas a replantear sus estrategias de financiamiento y, sobre todo, su visión de futuro.

En ese escenario emerge una propuesta que rompe con una tradición profundamente arraigada en Bolivia: la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) plantea que el desarrollo ya no debe construirse sobre la explotación de recursos no renovables, sino sobre la producción de conocimiento, la innovación tecnológica y el aprovechamiento inteligente de las potencialidades productivas del departamento de La Paz.

La iniciativa representa mucho más que un cambio de prioridades académicas. Es, en esencia, una crítica al modelo económico que ha predominado durante décadas y un llamado a que la universidad deje de ser únicamente un espacio de formación profesional para convertirse en un actor estratégico del desarrollo regional.

Cuando la renta no alcanza

La preocupación surge de un hecho concreto: la disminución progresiva de los recursos provenientes del IDH.

Durante años, esos ingresos permitieron financiar proyectos de investigación, infraestructura universitaria, equipamiento científico e iniciativas de interacción social. También sostuvieron parte importante de las inversiones realizadas por gobiernos departamentales y municipales.

Sin embargo, la caída en la producción de hidrocarburos cambió radicalmente el panorama.

Las proyecciones económicas son consideradas preocupantes por las autoridades universitarias, que observan cómo una de las principales fuentes de financiamiento público pierde capacidad para sostener el sistema universitario.

Para muchos, la reducción del IDH representa únicamente un problema presupuestario.

Para la UMSA, en cambio, constituye la evidencia de que el país ha llegado al límite de un modelo económico basado casi exclusivamente en la explotación de materias primas.

La diferencia entre ambos enfoques resulta fundamental.

Mientras algunos continúan esperando el descubrimiento de nuevos yacimientos de gas o petróleo que reactiven la economía nacional, la universidad sostiene que esa estrategia reproduce un patrón histórico que Bolivia ha repetido durante siglos sin conseguir modificar las bases de su desarrollo.

Cada nuevo ciclo extractivo genera ingresos importantes durante un tiempo limitado, pero no crea una estructura productiva diversificada capaz de sostener el crecimiento cuando el recurso comienza a agotarse.

Por esa razón, la institución considera que el verdadero desafío consiste en aprender a generar riqueza utilizando el conocimiento como principal materia prima.

La universidad decide cambiar las reglas

Frente a la disminución del financiamiento estatal, la respuesta institucional no fue esperar mayores transferencias públicas.

La apuesta consiste en construir un modelo de autogestión económica.

Por primera vez en su historia, la Universidad Mayor de San Andrés impulsa la creación de una empresa universitaria destinada no solamente a cumplir una función social, sino también a generar ingresos propios.

El proyecto nació en un contexto dramático.

Durante los bloqueos de caminos registrados en los últimos años, numerosos hospitales enfrentaron serias dificultades para abastecerse de oxígeno medicinal. Aquella crisis dejó al descubierto la vulnerabilidad de un sistema dependiente de proveedores externos y motivó a la universidad a buscar una solución permanente.

Así nació la planta universitaria de producción de oxígeno.

La iniciativa tiene un doble propósito.

Por una parte, fortalecer la capacidad de respuesta frente a futuras emergencias sanitarias.

Por otra, comercializar la producción para generar recursos destinados al financiamiento de actividades académicas, científicas y de investigación.

El proyecto constituye un cambio profundo en la manera de entender el papel de la universidad pública.

Tradicionalmente, las instituciones de educación superior han dependido casi exclusivamente de los recursos asignados por el Estado.

La propuesta de la UMSA plantea un modelo distinto.

La investigación científica deja de ser únicamente una actividad financiada por recursos públicos para convertirse también en una fuente de generación de riqueza.

La lógica es sencilla: si la universidad produce conocimiento capaz de resolver problemas concretos de la sociedad, también puede transformar ese conocimiento en innovación, desarrollo tecnológico y sostenibilidad económica.

Más allá del aula

La planta de oxígeno no constituye un caso aislado.

En la Facultad de Agronomía también comenzó un proceso orientado a transformar la producción agropecuaria universitaria.

El objetivo es ambicioso: multiplicar por cinco la capacidad productiva de los campos experimentales.

No se trata únicamente de incrementar la cantidad de alimentos producidos.

El propósito consiste en demostrar que la investigación aplicada puede traducirse en emprendimientos económicamente viables capaces de financiar nuevas investigaciones, fortalecer la formación profesional y generar soluciones para el sector productivo.

En esa visión, los predios universitarios dejan de ser exclusivamente espacios de experimentación académica para convertirse en laboratorios vivos donde la ciencia y la economía dialogan permanentemente.

Cada cultivo, cada innovación tecnológica y cada mejora en productividad buscan demostrar que la investigación no representa un gasto, sino una inversión.

El divorcio entre la ciencia y las políticas públicas

Sin embargo, el diagnóstico universitario trasciende la situación financiera de la institución.

Las críticas apuntan directamente hacia la manera en que históricamente se ha planificado el desarrollo del departamento de La Paz.

Según la evaluación presentada Candia, existe una profunda desconexión entre el conocimiento científico disponible y las decisiones adoptadas por los diferentes niveles de gobierno.

Gobernaciones y municipios continúan ejecutando inversiones sin una estrategia integral que oriente el crecimiento económico del departamento.

La consecuencia, sostiene el investigador, es una dispersión permanente de recursos públicos en proyectos aislados, de escasa capacidad transformadora.

Las inversiones aparecen distribuidas en múltiples iniciativas que responden a necesidades inmediatas, pero no construyen una visión compartida del futuro.

La expresión utilizada para describir ese fenómeno resulta particularmente elocuente: una "chauchitada" de dinero.

El término resume una percepción crítica sobre el uso fragmentado de los recursos públicos, donde pequeñas obras y proyectos de corto plazo terminan reemplazando las inversiones estructurales que podrían modificar las condiciones económicas del departamento.

Desde la perspectiva universitaria, el problema no radica únicamente en cuánto se invierte, sino en cómo se decide invertir.

Sin planificación estratégica, incluso presupuestos importantes pueden terminar diluyéndose sin producir cambios duraderos.

Construir conocimiento antes de construir obras

Frente a esa realidad, la universidad optó por recorrer un camino diferente.

Antes de formular propuestas de desarrollo, decidió comprender el territorio.

Para ello movilizó aproximadamente a 2.500 estudiantes hacia distintas provincias del departamento con una misión poco habitual para una institución académica: elaborar una radiografía socioeconómica de La Paz.

Los equipos realizaron trabajo de campo, identificaron potencialidades productivas, recogieron información sobre las condiciones económicas de las comunidades y analizaron las oportunidades existentes para impulsar nuevos procesos de desarrollo.

El objetivo no era únicamente producir información estadística.

Se buscaba construir una base científica que permitiera orientar futuras decisiones públicas con criterios técnicos y no exclusivamente políticos.

La iniciativa refleja una concepción distinta del papel de la universidad.

En lugar de esperar que las autoridades soliciten estudios especializados, la institución decidió anticiparse, generar conocimiento y ponerlo al servicio del desarrollo regional.

La apuesta supone que las políticas públicas pueden ser más eficaces cuando nacen del diálogo entre la investigación científica y la gestión gubernamental.

Ese cambio de enfoque representa uno de los pilares de la estrategia impulsada por la UMSA: convertir el conocimiento en una herramienta concreta para transformar la economía y aprovechar las enormes capacidades productivas de un departamento que, según sus investigadores, permanece como un verdadero "gigante dormido", a la espera de que la ciencia, la innovación y una visión de largo plazo despierten todo su potencial.

En la segunda entrega se desarrollará el núcleo económico del reportaje: el enorme potencial productivo del departamento de La Paz, los casos del café de altura, los frutos amazónicos, el aumento de la productividad agrícola mediante transferencia tecnológica y el debate sobre el extractivismo (oro y Mayaya) frente a un modelo basado en valor agregado e innovación.


Autor

Redacción Código Abierto

Equipo editorial y de investigación de Código Abierto Bolivia. Comprometidos con la verdad y la transparencia.