Del problema de la basura a una fuente de energía: el potencial del metano para La Paz y El Alto
Ciudades de todo el mundo están capturando el gas que producen sus rellenos sanitarios para generar electricidad, producir calor o fabricar biometano. En La Paz, un estudio de la UMSA identifica un potencial de hasta 680 kW y 5,36 GWh anuales en Sak’a Churu. El desafío ahora es convertir esa posibilidad técnica en un proyecto urbano que beneficie también a La Paz y El Alto
Durante décadas, los rellenos sanitarios fueron concebidos como el último eslabón de la cadena de la basura: recibir los residuos, compactarlos, cubrirlos y evitar que contaminaran el entorno. Pero esa visión está cambiando. En distintas ciudades del mundo, aquello que durante años fue considerado un residuo —el gas producido por la descomposición de la basura— se está convirtiendo en una fuente de energía.
El protagonista es el metano.
Cuando los residuos orgánicos quedan enterrados y se descomponen sin oxígeno, las bacterias producen biogás, compuesto principalmente por metano y dióxido de carbono. Si ese gas se deja escapar, el metano llega a la atmósfera y contribuye al calentamiento global. Si se captura, puede convertirse en electricidad, calor o, después de un proceso de purificación, en biometano, un combustible que puede sustituir al gas natural en determinadas aplicaciones.
La transformación puede resumirse en una fórmula sencilla:
basura → descomposición → biogás → captura del metano → tratamiento → energía.
Y esa tecnología ya no es experimental.
Una tecnología que ya funciona en el mundo
Estados Unidos es uno de los países que más ha desarrollado el aprovechamiento energético del gas de relleno sanitario. La Agencia de Protección Ambiental (EPA) registra cientos de proyectos operativos, destinados a generar electricidad, producir calor, alimentar procesos industriales, calentar edificios y producir gas natural renovable.
Actualmente, alrededor del 63% de los proyectos de aprovechamiento energético del gas de relleno sanitario en operación en Estados Unidos generan electricidad mediante motores de combustión interna, turbinas, microturbinas u otras tecnologías.
Pero el modelo está evolucionando.
Ya no se trata solamente de quemar el metano para producir electricidad. Una segunda generación de proyectos busca purificar el biogás para convertirlo en biometano, con una concentración de metano superior al 90%. Cuando se inyecta a una red de gas natural, normalmente alcanza entre 96% y 98% de metano.
El combustible puede utilizarse para calefacción, generación eléctrica, procesos industriales o vehículos.
Así, la basura comienza a formar parte de una economía circular: los residuos producen un combustible que puede volver a utilizarse en la propia ciudad.
De relleno sanitario a planta energética
El proceso requiere una infraestructura relativamente sofisticada.
Primero se construyen pozos verticales u horizontales dentro del relleno. Estos pozos están conectados mediante tuberías a un sistema de extracción que utiliza bombas o sopladores para recoger el gas.
Luego viene el tratamiento.
El biogás contiene humedad, sulfuro de hidrógeno, siloxanos y otros contaminantes que pueden dañar los motores o equipos. Por eso debe ser acondicionado antes de utilizarlo.
A partir de ahí existen varias posibilidades.
Una ciudad puede convertirlo directamente en electricidad; utilizarlo como combustible térmico; aprovechar el calor producido por los generadores mediante sistemas de cogeneración; o realizar un tratamiento más avanzado para obtener biometano.
La EPA estima que un proyecto de captura puede recuperar aproximadamente entre 60% y 90% del metano emitido por un relleno, dependiendo del diseño y la eficacia del sistema.
Esto convierte una política de gestión de residuos en una política energética y climática.
El caso de Can Mata: cuando la basura entra a la red de gas
Uno de los ejemplos europeos más llamativos se encuentra en España, en el relleno sanitario de Can Mata, en Cataluña.
Allí, el biogás producido por los residuos es capturado y sometido a un proceso de purificación para transformarlo en biometano. El proyecto contempla una producción cercana a 70 GWh anuales, equivalente al consumo energético de unas 14.000 viviendas.
La diferencia respecto al modelo tradicional es fundamental: el gas no termina simplemente quemado en una antorcha ni se utiliza únicamente para generar electricidad. Después de ser tratado, entra a la red de gas.
El relleno sanitario se transforma así en una fuente de gas renovable.
El salto hacia los vehículos
Otra posibilidad es utilizar el biometano como combustible para el transporte.
Esta alternativa podría resultar especialmente interesante para ciudades que poseen grandes flotas de camiones recolectores de basura.
La lógica es sencilla:
los camiones recogen residuos → los residuos producen biogás → el biogás se convierte en biometano → el biometano alimenta los vehículos recolectores.
La propia EPA identifica el combustible vehicular como uno de los usos posibles del gas natural renovable y señala que algunos proyectos pueden obtener ahorros cuando utilizan el combustible producido para sus propios vehículos de recolección.
Es un modelo que merece ser estudiado para el eje metropolitano de La Paz y El Alto.
Sak’a Churu: la oportunidad que ya fue estudiada
La discusión deja de ser exclusivamente internacional cuando se observa lo que ocurre en La Paz.
Un proyecto de grado de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) estudió precisamente la posibilidad de producir biogás a partir de los residuos orgánicos depositados en el relleno sanitario de Sak’a Churu. El trabajo desarrolló un modelo de generación de biogás, diseñó conceptualmente un sistema de captación y analizó la posibilidad de utilizar el gas para generar electricidad.
Los resultados son relevantes.
De acuerdo con la modelación realizada, con un escenario de recuperación del 50%, el flujo de biogás podría alcanzar en 2026 aproximadamente 1.389 m³ por hora, con una potencia eléctrica estimada de alrededor de 680 kW y una generación anual cercana a 5,36 GWh.
Estas cifras no constituyen una capacidad instalada ni una medición actual de producción. Son resultados de un modelo académico que deberían ser contrastados con mediciones reales antes de tomar una decisión de inversión.
Pero tienen una importancia estratégica: demuestran que el aprovechamiento energético de Sak’a Churu merece ser evaluado seriamente.
El estudio también proyecta que la producción de gas no desaparecería inmediatamente con el cierre del relleno. La descomposición anaeróbica de los residuos puede continuar durante décadas, aunque con una producción progresivamente menor.
Por tanto, incluso cuando un relleno deja de recibir basura, puede seguir teniendo valor energético.
La Paz: de la emergencia de la basura a una economía circular
El problema es que La Paz se encuentra precisamente en un momento crítico.
Sak’a Churu fue concebido como una solución para la disposición final de los residuos de la ciudad. Ahora el municipio trabaja en una nueva etapa de gestión de residuos.
En julio de 2026, la Alcaldía informó que identificó un terreno de 9,2 hectáreas para desarrollar una planta de residuos sólidos e industrialización de la basura, con el objetivo de cambiar la forma en que la ciudad gestiona sus residuos.
Este momento puede convertirse en una oportunidad.
En lugar de construir otra infraestructura destinada únicamente a recibir basura, La Paz podría avanzar hacia un complejo de gestión, tratamiento y aprovechamiento energético de residuos.
El concepto podría integrar:
separación de residuos + reciclaje + compostaje + tratamiento de lixiviados + captura de biogás + generación eléctrica + producción de biometano.
De esta manera, el relleno sanitario dejaría de ser solamente el destino final de los residuos y pasaría a formar parte de una cadena productiva.
¿Y El Alto?
La oportunidad no debería analizarse exclusivamente desde los límites administrativos de La Paz.
La realidad de la basura es metropolitana.
La Paz y El Alto forman un sistema urbano estrechamente conectado por sus flujos de población, transporte, comercio, servicios y actividad económica. Una política energética basada en residuos podría plantearse, por tanto, desde una perspectiva metropolitana.
El objetivo no necesariamente tendría que ser construir una única planta para las dos ciudades. Podrían desarrollarse sistemas complementarios de tratamiento, separación y aprovechamiento energético.
Una posibilidad sería que los residuos orgánicos separados en origen tengan un tratamiento diferente al de los residuos que deben terminar en disposición final.
Los residuos orgánicos pueden ser especialmente importantes porque son los principales responsables de la producción de metano en los rellenos. La EPA destaca que los residuos de alimentos tienen un peso particularmente importante en las emisiones de metano de los rellenos sanitarios.
Eso abre otra posibilidad: no esperar a que la materia orgánica llegue al relleno.
Una política metropolitana podría separar progresivamente los residuos orgánicos en mercados, restaurantes, hospitales, centros educativos, grandes generadores y domicilios, para llevarlos a sistemas de digestión anaeróbica.
Allí se produciría biogás de manera controlada.
Mientras tanto, el metano existente en Sak’a Churu y otros sitios de disposición final podría ser capturado mediante sistemas específicos.
La electricidad podría ser solamente el primer paso
La propuesta más inmediata para Sak’a Churu sería producir electricidad.
Una instalación de aproximadamente 500 a 700 kW, dimensionada de acuerdo con mediciones reales, podría alimentar las propias instalaciones del complejo y eventualmente entregar excedentes al sistema eléctrico, siempre que las condiciones técnicas, regulatorias y económicas lo permitan.
Pero existe una posibilidad de mayor valor estratégico: producir biometano.
El biometano podría destinarse, por ejemplo, a la flota de vehículos de recolección.
En ese escenario, La Paz tendría un modelo de economía circular particularmente atractivo:
La ciudad genera residuos; los residuos generan combustible; y el combustible vuelve a la ciudad para prestar servicios públicos.
No es una idea futurista. La producción de gas natural renovable a partir de rellenos sanitarios ya está creciendo. La EPA registra 102 proyectos de biometano provenientes de rellenos sanitarios en operación en Estados Unidos en 2023, frente a 11 en 2005
El calor también puede convertirse en un recurso
Existe una tercera alternativa que suele pasar desapercibida: el calor.
Los motores que producen electricidad a partir del biogás generan calor residual. En lugar de liberarlo a la atmósfera, puede recuperarse para procesos industriales o para el propio tratamiento de los residuos.
La EPA señala, incluso, que el calor residual de los sistemas de generación con gas de relleno puede utilizarse para agua caliente, calefacción o evaporación de lixiviados, aumentando la eficiencia energética del proyecto.
Esta posibilidad resulta especialmente interesante para Sak’a Churu porque permitiría vincular dos problemas que normalmente se gestionan por separado:
biogás + lixiviados.
El gas genera electricidad y el calor residual puede contribuir al tratamiento de los líquidos generados por el relleno.
Una oportunidad climática
El argumento para desarrollar esta tecnología no es solamente económico.
El metano es un gas de efecto invernadero extremadamente potente. La EPA señala que tiene un potencial de calentamiento global de al menos 28 veces el del CO₂ en un horizonte de 100 años, según la referencia del IPCC utilizada por la agencia.
Por ello, capturar el metano significa atacar simultáneamente dos problemas:
reducir emisiones y producir energía.
La EPA estima que los proyectos de aprovechamiento energético pueden capturar aproximadamente entre 60% y 90% del metano que se emitiría desde el relleno, dependiendo de las características del sistema.
Para una ciudad como La Paz, que enfrenta dificultades topográficas, ambientales y económicas para la disposición final de sus residuos, esa doble función puede resultar especialmente valiosa.
El desafío: pasar del modelo académico al proyecto real
Sin embargo, sería un error anunciar que Sak’a Churu ya tiene capacidad para generar 680 kW o 5,36 GWh anuales.
Todavía no.
La cifra corresponde a una modelación realizada por la UMSA y debe ser actualizada mediante mediciones de campo.
Antes de construir una planta sería necesario conocer con precisión:
- cuánto biogás está produciendo actualmente el relleno;
- qué porcentaje corresponde a metano;
- cuánto gas puede capturarse;
- qué contaminantes contiene;
- cuál es la presión disponible;
- cuánto tiempo continuará la producción;
- qué tecnología de generación resulta más conveniente;
- cuánto costaría la infraestructura;
- cuánto podría ahorrar o ingresar el municipio;
- y cuál sería la reducción efectiva de emisiones.
El proyecto debería pasar entonces de la estimación académica a un estudio de prefactibilidad y posteriormente a ingeniería de detalle.
La basura como activo energético
El debate sobre los residuos en La Paz y El Alto suele concentrarse en una pregunta: ¿dónde colocar la basura?
La experiencia internacional plantea una pregunta diferente:
¿qué podemos obtener de la basura antes de enterrarla y qué podemos aprovechar después de enterrarla?
La respuesta puede incluir materiales reciclables, compost, combustibles derivados de residuos y, en el caso de los rellenos sanitarios, metano.
El desafío consiste en abandonar progresivamente la idea del relleno como simple depósito y convertirlo en parte de una infraestructura urbana de recuperación de recursos.
Sak’a Churu puede ser el punto de partida.
La existencia de un estudio de la UMSA que identifica un potencial energético, la experiencia internacional acumulada y la decisión municipal de avanzar hacia una nueva planta de industrialización de residuos ofrecen una oportunidad que merece ser discutida públicamente.
Para La Paz y El Alto, el siguiente paso podría ser construir una agenda metropolitana que combine gestión de residuos, energía renovable y reducción de emisiones de metano.
Porque la pregunta ya no debería ser solamente cuánto cuesta recoger y enterrar la basura.
La pregunta es cuánto valor energético, económico y ambiental se está dejando escapar cada día.
Y en ese gas invisible que se produce debajo de toneladas de residuos podría existir una parte de la energía que las ciudades necesitan para enfrentar su propio futuro.
Autor
Nelson Martínez Espinoza
Equipo editorial y de investigación de Código Abierto Bolivia. Comprometidos con la verdad y la transparencia.
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