Ciencia y Tecnología

Suecia compra basura para generar energía

Nelson Martínez Espinoza23 de agosto de 2026
3 min de lectura
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Suecia compra basura para generar energía

Durante décadas, la basura fue considerada uno de los grandes problemas de las ciudades modernas. Sin embargo, Suecia desarrolló una estrategia que transformó buena parte de sus residuos en una fuente de energía y convirtió la gestión de la basura en una actividad económica. El país llegó incluso a importar residuos de otras naciones europeas para mantener funcionando sus plantas de valorización energética.

El modelo sueco parte de una premisa sencilla: la basura que no puede reutilizarse o reciclarse todavía puede contener energía. A través de plantas especializadas, los residuos son sometidos a procesos de tratamiento térmico que permiten producir calor y electricidad. Ese calor se incorpora a sistemas de calefacción urbana, mientras que la electricidad puede alimentar hogares y empresas.

Uno de los aspectos más llamativos del sistema es que Suecia llegó a disponer de una capacidad de tratamiento superior a la cantidad de residuos que generaba. Por ello, comenzó a recibir basura procedente de otros países, especialmente de Noruega. En determinados casos, los países que enviaban sus residuos pagaban por el servicio de tratamiento.

La experiencia resulta particularmente interesante porque no se basa únicamente en quemar basura. El modelo sueco está asociado a una política de reducción, reutilización, separación y reciclaje de residuos, que permite recuperar materiales antes de que aquellos que no pueden aprovecharse sean destinados a la valorización energética.

La incineración con recuperación de energía, sin embargo, no está exenta de problemas. El proceso genera cenizas y otros residuos que pueden contener sustancias contaminantes, incluidos metales pesados, por lo que deben ser tratados y gestionados de manera segura. Además, la incineración produce emisiones que requieren sistemas tecnológicos de control y regulación ambiental.

Por eso, incluso dentro de Suecia se ha advertido que convertir los residuos en energía no debería ser interpretado como una solución definitiva. Desde una perspectiva ambiental, la prioridad continúa siendo producir menos basura, reutilizar los productos y reciclar los materiales. La energía obtenida de los residuos debería ocupar un lugar posterior en la jerarquía de gestión.

La experiencia sueca ofrece una lección que puede resultar especialmente útil para países como Bolivia, donde las ciudades enfrentan dificultades crecientes para recoger, disponer y tratar sus residuos. El problema no comienza en el relleno sanitario: empieza mucho antes, en los hogares, comercios, industrias y mercados donde se generan los desechos.

El desafío consiste en dejar de considerar la basura únicamente como un desperdicio y comenzar a verla como un conjunto de materiales que pueden tener distintos destinos. Plástico, vidrio, papel, cartón, metales y materia orgánica pueden ser recuperados, mientras que una fracción de los residuos no reciclables puede, bajo condiciones estrictamente controladas, convertirse en energía.

Pero copiar el modelo sueco sin construir previamente una cultura de separación y reciclaje sería un error. No se trata de producir basura para generar energía, sino de aprovechar responsablemente aquella que inevitablemente se genera después de haber reducido, reutilizado y reciclado.

La verdadera lección de Suecia no está, entonces, en que un país pueda comprar basura extranjera. Está en algo mucho más profundo: una sociedad puede transformar la gestión de residuos en parte de su política energética y ambiental cuando existe planificación, infraestructura, tecnología, educación ciudadana y responsabilidad pública.

En tiempos de crisis climática y de crecimiento acelerado de los residuos urbanos, la basura dejó de ser solamente un problema que debe esconderse. Puede convertirse en un recurso. Pero el objetivo final debería ser todavía más ambicioso: generar menos basura y aprovechar mejor cada residuo que producimos.

Autor

Nelson Martínez Espinoza

Equipo editorial y de investigación de Código Abierto Bolivia. Comprometidos con la verdad y la transparencia.